domingo, 19 de agosto de 2007

Cuando lo peor del verano no es la canción del ídem


Ahora que poco a poco la gente va volviendo a Madrid –Negra, Lauren se siente pero era verdad lo de que todo pasa y todo llega-, en un verano en que lo de aparcar sin problemas en agosto ha pasado a convertirse en leyenda urbana, voy a seguir hablando de vacaciones. Y no me refiero ya a los diez espléndidos días libres que sigo teniendo en cartera. Ya lo adelantaba el otro día mblue en su primer comentario –gracias por animarte-, las vacaciones no son más que eso, vacaciones, unos días en los que no hay que ir a trabajar. Punto. La vida sigue. No hay que mitificar tanto unas semanas que, en la mayoría de los casos, pasan volando. Pero es curioso, porque parece que estamos obligados a pasarlo siempre y a todas horas bien cuando estamos de vacaciones. A disfrutar como locos. A lograr el “más xxxxx todavía”, para luego venir y contarlo. Si no es que no eres un enrrollao. Porque a ver quién es el guapo que vuelve de vacaciones diciendo que no se lo ha pasado genial, y más si has estado meses planeándolo y te has gastado un pastón. Si vuelves y dices que menudo asco, o que no has estado todo el día, y todas las noches por supuesto, gozando como un calamar, poco menos que te conviertes en un apestado social. No has sido capaz de divertirte. Sospecho que deben sentir algo parecido las anaorgásmicas.

Pues bien. El viernes, camino de la boda de mi mejor amigo, la bosa reconoció no una sino dos veces, que no había tenido buen verano. Que tardó en desconectar, que no dormía bien, que ha discutido con la familia… Es poco habitual escuchar estos comentarios, pero estoy segura de que estas cosas pasan más de lo que se reconocen públicamente.

PD. A estas alturas sigo sin saber cuál ha sido la canción del verano.

PD2. La lata de champanes por fin se ha vaciado. De forma satisfactoria, añado.

viernes, 17 de agosto de 2007

Vivan los novios (II)


Pues a pesar de que durante mucho tiempo nadie, ni siquiera él, dábamos un duro, al final resulta que hoy se nos casa el Ropper. Y por la Iglesia, que él también “quiere hacer las cosas bien”.

La boda promete. Y el GEO que me tiene apalabrado espero que también.

jueves, 16 de agosto de 2007

¿Aquí no trabaja nadie?


Qué pena más negra.
Resulta que vuelve una al trabajo después de las vacaciones, deprimida y contrita de las largas y ociosas jornadas veraniegas, y no puedo ni quejarme. Porque no hay nadie al otro lado. Lo que son las cosas. Madrid está lleno de gente pero, oyes, que trabajando lo que se dice trabajando no hay nadie. n-a-d-i-e
En lo que va de jornada, sólo me ha sonado el teléfono una vez -llamaban desde Argentina, que allí no están ahora de vacaciones-. Eso por no hablar de emails...

Y digo yo... ¿es que aquí no trabaja nadie?

PD. La única conversación de messenger ha sido con mblue que me recordaba que se marcha ahora de vacaciones. Grrrrrrrrr

La verbena de La Paloma


Impresionadita estoy de la pila de gente que había en Madrid el martes por la noche celebrando La Paloma. O. no dejaba de asombrarse con la densidad de hombres guapos por metro cuadrado. Im-presionante.

domingo, 12 de agosto de 2007

Oda a la indolencia


La verdad es que había prometido a Lauren Miguel escribirle una oda “al más grande”, porque lo es, él lo sabe, y todos los que le conocemos lo sabemos. Ole, LaurenMi, Ole. Pero bueno, también había prometido ir a visitarle a su casa de veraneo y aquí estoy, en Siberia. A La Negra tres cuartos de lo mismo. Que si voy, que si no voy, y aquí sigo, perreando. Dispuesta a quedar mal con todo el mundo y a bordar, eso sí, mi propia oda a la indolencia o “I love holidays”.

Porque las vacaciones uno se las puede tomar de varias formas. Se puede salir del trabajo corriendo a coger la maleta y hacerse un maratón de ver sitios, conocer gentes, disfrutar de paisajes, catedrales, museos, tiendas, aeropuertos, estaciones de tren, estaciones de autobuses, gasolineras, albergues del Camino de Santiago… que no digo yo que sea una mala opción. Pero luego está también la alternativa Api’07, que podríamos denominar “pasivorra”, que ha optado por convertirlas en ese tiempo que (casi) nunca se tiene para no hacer nada. Y a esa tarea llevo yo entregada algo más de tres semanas, y con el alma serena y repleta de felicidad. En Cádiz llegó un momento que ni bajaba la silla a la playa, para ir menos cargada. Y porque al final a mí las sillas que me gustan son las de plástico malo, de esas que se te pegan a las piernas en los chiringuitos. A la vuelta, en los días de Madrid, los pasé de la cama al sofá, y del sofá a las terrazas. Sin pensar. Hasta que un día amanecí y me fui a seguir dejándome querer, esta vez por el papa y la mama. Y allí estuve casi una semana, hasta que al borde de la inacción, física y mental, decidí que era el momento de escapar a un sitio más tranquilo. Y en ellos estoy, entre libros, cañitas, fríos polares, obras de teatro y poca actividad más. Pasado mañana aterrizo en Madrid, con un día de antelación para que me de tiempo a aclimatarme a la actividad.

Qué le vamos a hacer. Nadie es perfecto. O sí?

PD. Sé que Pepa está viendo pececitos de colores y La Negra dándole a la rica raba. Pero el resto podía manifestarse y dar envidia, que para eso también están las vacaciones.

viernes, 3 de agosto de 2007

¿Abierto por vacaciones?

Pues... no lo sé la verdad. Si os soy completamente sincera tenía toda la intención escribir un post diciendo aquello de nosotras no cerramos, y tirar hacia las tierras altas con el portatil a cuestas, pero ahora mismo (viernes 19.32 h.) estoy en el ordenador del curro escribiendo porque ni siquiera sé si voy a tener fuerzas para abrir la tapa del de casa...

¡Qué queréis que os diga! La semana intervacacional ha resultado ser un infierno, y estoy jartita de pantalla... pero bueno... no prometo nada, ni en un sentido ni en otro. Yo es que soy así... a veces, todo me da un poco igual.

Pero bueno... aunque no estemos aquí, nuestro corazoncito sí que sigue ahí con vosotros... abierto por vacaciones.

jueves, 2 de agosto de 2007

Hacia las tierras altas


Bueno, pues tras volver de Cádiz –en lo que fue una semana ssstupenda, los sitios me encantaron y ya me he tatuado en el alma aquello de I’ll be back- llevo unos días en Madrid entregada al bello arte de perrear. Al no hacer nada. Yo, al contrario que mucha gente, puedo pasar días de mis vacaciones en Madrid, sin que eso me suponga un problema. Al contrario.

He pasado unas jornadas estupendas quedando a comer, cenar, cañear, tapear, echarme la siesta y dejarme ‘querer’. Y ahora ya con el alma más tranquila, el carácter apaciguado y después de haber dado gracias a Dios por el que inventó el aire acondicionado sigo la gira. Hacia el norte.

Disfrutad del verano.

PD. Gracias frikie monki por la ilustración

miércoles, 1 de agosto de 2007

Autocompasión
















Self-Pity

I never saw a wild thing
sorry for itself
A small bird will drop frozen dead from a bough
without ever having felt sorry for itself


D.H. Lawrence

No sé si os pasa. A mi cuando tengo una mierda de día, me gustaría cambiar de peinado. El problema es que llevo el pelo corto y sólo me queda una opción: raparme. Aún no lo he hecho. No es por falta de valor, no, es por las canas. Tengo muchísimas y si me rapara la cabeza, debería pasar semanalmente por la peluquería para teñírmelo y mi presupuesto no da para tanto.

Hoy he tenido un día de mierda, así que ahora mismo me gustaría tener pelada la cabeza y parecerme un poco a la teniente O'Neill. No sé si habéis visto esa peli. Yo, unas cuatro o cinco veces. Ni siquiera fui a verla al cine, la vi una vez en la tele y desde entonces, cada vez que la ponen, la pille a la altura que la pille, me la doblo sin piedad.

No me preguntéis por qué. No encuentro una explicación razonable.
A veces pienso que es porque en el fondo me gustaría ser como ella: fibrosa, valiente, guapa y con la cabeza rapada.
Otras me pongo filosófica y pienso que igual es porque dicen frases como:“¿Sabéis que es lo mejor del dolor? Que te indica que aún no estás muerto”
Después pienso que no, que lo que de verdad me pone de esta peli – tanto como para verla entera – es esa escena en la que tirada en el suelo y con los dientes ensangrentados después de que le haya dado una paliza de muerte, Demi Moore mira a Vigo Mortensen y le dice:"Teniente en jefe, ¡chúpeme la polla"
Pero quizá todo se resuma en el poema de H.D. Lawrence que el teniente en jefe recita una y otra vez:“Nunca vi a un animal salvaje compadecerse de sí mismo”

Quizá por eso, cuando tengo días de mierda como el de hoy, me acuerdo de la teniente O’Neill. Porque ante la irresistible tentación de caer en la autocompasión, prefiero optar por agarrar una maquinilla y cambiarme de peinado.