martes, 10 de mayo de 2016

Salvar vidas

Hoy me han regalado una… una ¿placa?, no sabría decir exactamente qué es… es una especie de adorno-trofeo de cristal en el que han grabado – más o menos ;) - la siguiente dedicatoria:


“Negra y Su Madre

Me salvasteis la vida, que Dios os bendiga todas vuestras obras.
Os deseo lo mejor, gracias”

La Vecina
20 abril 2016”


Leído así… ¿acojona, eh? Y si a vosotros no os asustaría… al menos reconocedme que eso de que tu nombre encabece tamaña dedicatoria es raro, raro, pero raro, sobre todo si no eres médico, ni enfermero, ni nada que se le acerque.

De hecho, justo dos días antes de ese 20 de abril, estaba yo a punto de pasar por el quirófano por sexta vez en mi vida – una cosita de chapa y pintura, nada serio, un entrar y salir – y mientras esperaba mi turno en la sala de espera, viendo al personal – el laboral y el visitante – paseando, comentando y preguntando por allí, le dije a mi madre: “yo, cuanto más lo pienso, más me convenzo de que para trabajar en un hospital, además de valer, hay que tener vocación porque esto es tela… y yo, claramente no tengo esa vocación… uff… esto para quien lo quiera”. Y tan ancha me quedé, oiga.

Menos de 48 horas después, mi madre me miraba con los ojos como platos mientras yo - con una médico del 061 al otro lado del auricular explicándome cómo, claro está -, le hacía, o al menos lo intentaba, la maniobra de heimlich(*) a mi vecina que, a esas alturas tenía ya un color morado nada tranquilizador en brazos, ojos y boca. Afortunadamente, aunque con mi mierda de fuerza no conseguí sacar el trozo de filete – sí, sí, con el filete, como en las pelis de risa… pero sin puta gracia esta vez -, parece que se lo moví lo suficiente para que entrara un hilo de aire y así, el morado pasase a ser un amarillo extraño, y diera tiempo a que llegaran la ambulancia primero y los médicos después.



Sí porque, no llegan juntos, no… en la ambulancia van dos, pero los dos son conductores, imagino que con un curso de primeros auxilios incluido, pero poco más. Para que os hagáis una idea, su primera pregunta al ver mi careto cuando bajé a la calle a buscarles – tuve que bajar a abrirles la barrera que hay en la urbanización para que no aparquen coches de fuera – fue “¿ha llegado ya el médico?” y claro, ante mi cara de “¿¿¿¿MANDE????”, dijo, “nada, nada, ¿dónde es?”… hasta que llegó arriba, claro.

Una vez subieron las escaleras – no les dejé coger el ascensor porque es lentísimo – su reacción fue quedarse parados y poner cara de pánico. Si me lo cuentan antes sigo pensando que es de peli de risa, pero como lo estaba viendo, y ya os digo que pocas bromas, empecé a dar gritos como si no hubiera un mañana diciéndoles que al menos le hicieran ellos la dichosa maniobra, que yo no tenía fuerza… y la hicieron, la hicieron, ni una queja por mis gritos, la verdad, a cada uno lo suyo. Ni se ofendieron, ni dijeron tampoco aquello de “deje usted trabajar a los profesionales, señora”. Obedecieron y punto.

Y yo que se lo agradezco, porque, aunque ellos tampoco consiguieron sacar el trozo de filete, cada vez que imagino qué hubiera pasado si no hubiéramos conseguido mantenerala respirando entre mis meneos y los suyos...  me entran sudores fríos. Pero lo hicimos, y por fin llegaron la médico y la enfermera.

Otra vuelta a la calle, otra de escaleras arriba – éstas no encontraban el portal, que lleva 42 años y en el mismo sitio, pero debe ser que no sale en Google Maps… - total, que ya llegaron y se encontraron el percal que a estas horas era aún más amarillo y tenía apenas 32 grados de temperatura en el cuerpo. Afortunadamente, la doble de Mónica Naranjo que tenemos por enfermera en esta mi localidad, entonó el “Sobrevivirá” y la tía con una sangre fría de la que podrían aprender muchos – empezando por la médico a la que “acompañaba” – no paró hasta sacarle el trozo de filete, conseguir que respirara y ponerle una mascarilla con oxígeno.

Después ya sí, ambulancia, hospital, y bueno… alguna secuela hay, pero llevadera y lo que pudo haber sido no fue, que es lo realmente importante de todo esto.

¿Quién salvo a quién? Yo no tengo ni idea. Supongo que todos hicimos nuestra parte. Mi vecina bajando a pedir ayuda en lugar de quedarse en su casa paralizada; mi madre abriendo la puerta – la otra vecina no abrió –; yo al lanzarme en plancha al teléfono para llamar a Emergencias al darme cuenta de que las yemas de los dedos se le estaban poniendo moradas – para algo tenía que servir tanta serie de médicos que me doblo –; los conductores de la ambulancia a los que sólo les faltó cuadrarse con mis gritos; y claro, la enfermera que, esa sí, además de una carrera universitaria, tiene vocación de salvar vidas… os lo digo yo.


(*) Por si os veis en una parecida - el destino no os la juegue - aquí la maniobra de Heinlich


viernes, 10 de enero de 2014

La novia del cantante

Ser la novia del cantante tiene que molar. Y no sólo por ese gustito que entra cuando ves cómo el resto mira con ojos golositos al que llevas del bracete – eso pasa sea cantante o no, a qué negarlo ;) - y tú piensas para tus adentros eso de “mirad, mirad, que tocar, ya toco yo”. No sólo por eso digo, también por las canciones, claro. Porque, confesémoslo, alguna vez aunque sea muy de pasada, todas (¿todos?) hemos deseado ser la prota de una canción de amor.

Saber que alguien ha escrito “esa letra” (cada uno que elija la suya) pensando en ti debe ser la bomba. La putada (grande) es cuando sigues siendo su musa… después de haberle dejado. De una gira a la siguiente y sin pasar por la casilla de salida, pasas de ser la princesa de sus sueños a la zorra sin corazón que le ha dejado plantado. Todas las que antes te envidiaban por llevarle del brazo pasan a odiarte por haberle hecho “taaaaanto daño” (en lugar de alegrarse por tenerlo libre, por cierto) y, lo peor, si la canción es buena te quedas con el título de zorra para los restos.

Un ejemplo práctico: “Eme” de Leiva.


http://www.youtube.com/watch?v=vsNZKeZV_Tk

El tío empieza muy bien con su “Eme, cuando se ponga el sol voy a despedirme. Será como un collage lo que tuvimos”, para, a continuación, venirse arriba y empezar a dar pistas de lo que de verdad piensa: “Eme, cuando se ponga el sol voy a destruirlo. Borrarme la señal de tus colmillos”.

Inmediatamente llega, claro, lo de ponerse en plan víctima “Me dejaste el cuerpo fuera, y la cabeza entera, guardada cerca entre tus trofeos y tus medias”, ¿dispuesto incluso a perdonar o con ganas de devolvérsela?: “Ey te espero fuera”.

La siguiente estrofa nos hace decantarnos por el puritito rencor. Lo que quiere de verdad es revancha, y a lo grande: “Eme, cuando te meta un gol voy a ser un killer, que todo el Calderón me lo chille”. Le ha dejado tan tocado que está dispuesto a cometer una locura “Eme, cuando se acabe este rock, cuando cometa un crimen, cuando nos queme la ambición”, ¿a los dos?, ¿qué nos estamos perdiendo?

Para que nos lo pensemos vuelve al estribillo - y al victimismo -, “Me dejaste el cuerpo fuera, y la cabeza entera, guardadas cerca entre tus trofeos y tus medias”. Pero enseguida nos recuerda quién ha decidido cortar “Meneaste las caderas y me clavé la sierra que se colaba entre tus palabras y mis letras. Ey te espero fuera!” para, a continuación, hacer el amago de ponerse en su lugar “Ya sé que todo está de más, y sé como es de grande, la culpa pesa un kilo más para el que parte”.

Pero al final, volvemos al estribillo “Me dejaste el cuerpo fuera y la cabeza entera, guardadas cerca entre tus trofeos y tus medias”, al victimismo, y a la promesa de venganza “Ey te espero fuera, te espero fuera, Ey te espero fuera”.

Y se vengó… vaya si se vengó… porque ser la novia del cantante tiene que molar mucho sí, pero, definitivamente, no mola todo. Sobre todo si, cuando le dejas, él no sólo te hace una canción rencorosa, sino que para el vídeo te convierte en una marioneta que hace mamadas delante de todos sus fans. En ese caso, por muy bonita que sea la canción… si la prota eres tú no debe de molar nada.

viernes, 18 de octubre de 2013

A la mierda Diógenes












¿Sabéis esas veces que, de alguna forma necesitas... "liberarte"?

Yo acabo de hacerlo... 10.533 mensajes sin leer en mi cuenta de hotmail (sí, sí, además de otras 5 cuentas, aún manejo hotmail, qué queréis que os diga... soy una sentimental ;) y de pronto, sin encomendarme ni a dios ni al diablo he pulsado el botón mágico que llevaba sin pulsar desde... ¿2004? Mon dieu!!

En el trabajo lo hacía para encontrarlos rápido, volver sobre ellos... aquí lo empecé a hacer para leer mensajes de amor - o de vicio, según fuera el remitente -, pero... claramente, se me fue de las manos.

Al principio marcas ese mensaje en el que te dicen algo bonito y que te pone de buen humor nada más leerlo. "Es bueno tenerlo a mano - piensas - por si necesito una inyección de moral y no la he podido tener en directo". Luego cuando las palabras bonitas pasan a la historia no lo quieres borrar porque... tú no eres rencorosa, lo pasado, es pasado, pero forma parte de ti, mola tener buenos recuerdos... en fin, autoengaño de ese que gastamos las sufridoras en casa, y no los borras no, pero es que tampoco les quitas la marca de "no leídos" y ahí se quedan, acumulando polvo (bueno, de eso ya no, que habíamos quedado en que ya no te decían cosas bonitas).

El polvo de verdad llega luego, con el mail que te manda ese que bonitas, te va a decir las cosas justas, pero guarras todas las que tú quieras... y oye, a veces eso también te da una inyección de moral así que... "marcar como no leído". Suma y sigue. Venga vicio.

Y claro, el vicio es lo que tiene, que se extiende... y en vez de centrarte en el vicio útil, te acabas dispersando y te dejas llevar por el inútil, y el "marcar como no leído" se convierte en parte de ti.

Un día dejas marcado ese super descuento que hoy no puedes aprovechar para mirarlo mañana; mañana por supuesto no usas el descuento, ni lo miras, pero marcas el de la contraseña de otro sitio al que te has apuntado para que te sigan mandando ofertas; y luego un aviso del banco; y después una notificación de Facebook para que no se te olvide contestar,... y así...

Así hasta que sin saber cómo estás acercándote peligrosamente a los 1.000 "mensajes sin leer", y en ese momento piensas "no voy a llegar, en cuanto tenga un momento me pongo y reviso los que tienen que estar marcados y los que no".

Pero... el momento - como tantos - nunca llega, y tú sigues dándole a ese botón como si fuera una condena. Un día y otro y otro... y se acercan los 5.000, y vuelves a pensar que no, que antes de llegar revisas. Pero no lo haces, y el número de no leídos sigue aumentando y, de pronto, te descubres con "9.999 mensajes sin leer" ahí bien visibles, remarcados en negrita en tu bandeja de entrada y sólo a ti se te ocurre pensar "a los 10.000 no llego" (sí, os juro que tuve el valor de tener ese pensamiento). Y entonces, durante 2 días te esmeras en leer, e incluso borrar, todos los mails que te van llegando, pero el tercero ya no tienes tiempo, o ganas, o ni el uno ni las otras, y vuelves a sucumbir a tu síndrome de Diógenes virtual y sigues acumulando correos.

Entonces, cuando has pasado de largo los 10.000 un día piensas "Negra, no te engañes, sabes que NUNCA vas a volver sobre ellos", pero... sigues sin decidirte.

Y de pronto llega un día como hoy en que hablas por teléfono con Las Nenas y mientras lo haces, ellas están en un bar y tú delante del ordenador viendo esa bandeja de entrada con 10.533 mensajes marcados y piensas... "¿¡pero qué c**o hago arrastrando mierda como una lunática!?".

Y, de pronto, como si imaginarte allí con ellas te hubiera pulsado alguna palanca invisible, sin pensarlo dos veces pinchas en:
Ver > No leídos > Seleccionar todos > Marcar como leído
Ya está. Así de fácil. A la mierda Diógenes. Los 10.533 mensajes están leídos.

Eres libre. Libre de los que te querían mucho, pero no tanto; de los que te deseaban pero sólo para un rato; de las ofertas que ni tienes dinero para comprar ni talla para entrar; de los viajes que no puedes hacer; de los cursos que no tienes tiempo para estudiar; eres libre de todo...

Bueno, de todo no, aún está marcado el de acordarte de pagar el IVA este lunes, de ese de momento no me libra ni dios, pero... dadme tiempo ;)

jueves, 29 de agosto de 2013

Estilosa de pueblo

Ser estilosa de pueblo es lo que tiene, que lo eres, pero no lo transmites... en los pueblos tienen - estoooo... ejem, tenemos - esa (¿mala?) costumbre de llamar a las cosas por su nombre y así no se puede.

Porque vamos a ver... digamos que eres alta, rubia, con tipazo, ojos verdes, es viernes por la tarde-noche y llevas puesta una falda a media pierna de paillettes doradas con camisa blanca masculina, taconazo y un clutch-sobre. Lo que una bloguera de moda llamaría un "outfit ideal" para una inauguración, en un pueblo se llama "dónde va esta con la camisa del marido y una falda de lentejuelas como si fuera a un estreno de cine".

Si fuera una chica de ciudad y tuviera su propio blog de moda (ella lo llamaría egoblog) el look tendría muchos comentarios, más RTs en Twitter e infinitos "Me gusta" en Facebook e Instagram. Pero en el pueblo le acaba de servir para que, de aquí a los restos sea conocida como "la Beckham" ("los Beckham" si va con el marido y le ha vestido a juego para la ocasión).

Lo mismo pasa con el pantalón del chándal. Ahora resulta que se llevan, al más puro estilo Pantoja, con americana y tacones como si tal cosa... look sporty, lo llaman. Que oye, lo ves puesto ahí en las revistas y tiene un pase (bueno, va, medio sólo, yo es que soy muy fan de los pantalones de chándal), pero luego a ver quién tiene el valor de presentarse así en un bar a tomarse una caña un viernes la nuit, por ejemplo.

Aún así, estoy segura de que lo hace una tipa similar a la ya mencionada en un bar de ciudad y, salvo alguna risita de algún tío - porque seguro que, antes de que acabe el mes, la moda ésta sale en la típica lista de "modas que no les gustan a ellos" -, salvo eso, al resto (o sea, a la mayoría de tías) lo que nos pasaría sería aquello de pensar "hortera sí va, pero cómo la sienta el chándal a la muy hija de p**a". Así, tal cual.

Ahora traslademos el supuesto, con la misma rubia, al mismo pueblo del caso anterior (verídico, por cierto) y... ahí la cosa cambia. En un pueblo, un chándal es un chándal, y da igual cómo lo llames o con qué calzado te lo pongas. En un pueblo, en ese mismo bar, además de la divina de turno habrá - fácil - otras tres o cuatro personas (si es viernes puede que más) que también llevarán chándal y pondrán el de la rubia a la altura del populacho, convirtiendo su "outfit sporty" en un "arreglá pero informal" acompañado de risita.

Y es que... ser estilosa de pueblo es difícil hasta cuando lo eres sólo de boquilla, porque como me dijo mi sobrina el otro día después de que yo alabara su "look casual y sporty, muy rollo revista de moda":

"Tía... ¿voy en chándal, eh?"*
* Esto, dicho poniendo los ojitos del revés y cara de mi tía ha perdido el oremus.

Pues eso.


viernes, 31 de mayo de 2013

Momentazos


¿Sabéis esas temporadas que todo te sale mal? Que cada novedad es mala y piensas aquello de “ya no me puede pasar nada más” pero te pasa – algo malo, se entiende – y para tu sorpresa descubres que sí, que podías aguantar aún más y, aunque putas las ganas que tienes de hacerlo, te vuelves a levantar de la cama y sigues.

Cuando eso te ha pasado alguna que otra vez seguir es un poco más fácil, no por costumbre – qué va, afortunadamente a lo malo no se acostumbra uno nunca – sino más bien porque sabes que ya estuviste mal y luego, sin darte cuenta de cómo, llegaste a estar bien, incluso hubo momentos después que lo tuviste todo.

¿Os ha pasado alguna vez?, ¿un momento en el que todo está en su sitio?, ¿un momento de esos en que piensas que “aquí y ahora” no podrías pedir más?, ¿un momentazo?.

A mi sí, alguna que otra vez. Algunos, la mayoría, fueron fugaces: cañas al sol un lunes de curro por la mañana en Cádiz, un “te quiero tía” dicho por tus sobris un mal día, el típico martes glorioso que acaba el miércoles a la hora de ir a trabajar, un sábado que empezó raro y terminó con Api et moi frente al gin-tonic perfecto en una terraza de Salamanca, hasta el subidón que te dio el otro día cuando ese blogger con el que te-casarías-mañana-sin-haberle-visto-la-cara-en-la-vida se molestó en contestarte para decir que tu comentario le “encanta”… esos ratitos.

Pero luego están esos otros momentos que se convierten en buenos tiempos, temporadas en las que… todo te sonríe, la salud, el curro, la suerte… por sonreírte te sonríe hasta el guapo. Qué coño, estás que lo tiras. Y es ahí cuando piensas, “uff, es que me va todo bien” y, estás tan arriba que de pronto, miras abajo y te entra tremendo vértigo.

Si esto fuera un blog de autoayuda me tocaría deciros que no le tengáis miedo a vuestra propia felicidad, bla, bla, bla… pero no lo es… así que os diré lo que ya sabéis: aprovechad el subidón mientras dure, que para caernos – y volvernos a levantar – siempre estamos a tiempo. Sobre todo porque la putada es que la caída, no siempre depende de nosotros.



Pd. D.E.P. el greñudo y guapo marido italiano de R. Sánchez Silva, encarnación en papel couché de lo que yo considero un auténtico momentazo, con su correspondiente vértigo.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Desayuno con diamantes

Bueno, parece que ya llega, parece que - si el tiempo y la autoridad no lo impiden - en 9 días estaré en Madrid.


De visita claro, podría ser precioso, pero de momento es sólo bonito.

El caso es que estaba hoy desayunando y de pronto me ha venido a la cabeza "cuando vaya a Madrid voy a ir a desayunar al Vips, como una reina".

Un desayuno francés. Esto no lo he pensado, pero es parte del placer. Desayuno francés con café solo, el croissant a la plancha y un extra de zumo de naranja y papaya, y el periódico claro, pero ese no entra en el precio.

Pensaréis que es una tontería, que bares y croissants a la plancha hay en todas partes y que si el zumo no lleva papaya tampoco es el fin del mundo. Pensaréis además que al final – no sé si conocéis la sensación, pero así es - hasta en el Vips te miran raro cuando comes o, sobre todo – fenómeno inexplicable -, cuando desayunas sola. Pero no... eso en un pueblo no lo puedes hacer.

Aquí te mirarían más y más raro; si el bar fuera conocido - y para sentir placer irías a uno que te gustase, luego a uno habitual – al verte el camarero te daría charla para que no te sintieras sola y, si no, la catástrofe: entraría algún conocido que te diría aquello de "¿qué? ¿ te estás tomando el café sola?" y acto seguido pediría un con leche mientras se sienta a tu vera arruinando toda posibilidad de disfrute.

Así que, ladies and gentlemen, madames et monsieurs, señoras y señores, no sé exactamente cuál, pero un día en un futuro muy muy cercano, voy a entrar en un Vips, me voy a comprar el periódico y luego me voy a atrincherar en una mesa de las abrigaditas, donde ves mucho y se te ve poco, a disfrutar de un desayuno absurdamente caro para su calidad y deliciosamente anónimo para mi disfrute.


Pd. acabo de descubrir, mientras escribía, porque el croissant untado en un café en vaso de cartón en manos de Audrey Hepburn tenía tan buena pinta…

jueves, 10 de mayo de 2012

¡¡Díos mío, esto es un infierno, no siento las piernas!!


No, esta vez no han sido ni Stallone ni Pepelu... El último en pronunciar esta frase ha sido un “joven de origen africano” – un negro de toda la vida – que ha sufrido en sus carnes cómo la ya conocida como “la ninfómana de Munich” volvía a las andadas.

Hace unos días leí, oí o vi – no lo recuerdo exactamente – una noticia en la que contaban que un hombre había llamado a la policía para que le rescatara de las garras de una mujer a la que había conocido en un bar y le estaba obligando a follar sin parar (bueno, vale, en la noticia decían “mantener relaciones sexuales”). El caso es que, incapaz de seguir su ritmo y ante el acoso de la mujer, después del octavo el hombre se refugió en el balcón y llamó a la poli para que le sacaran de allí.

Un trago, sin duda. Los ocho polvos (“sin sacarla”, como dijo aquel) con los que todo el mundo sueña, para disfrutarlos, para presumirlos o para ambas cosas, acabaron convertidos en pesadilla y - me temo que ni el humor alemán le salvará de ello - en el hazmerreír nacional, europeo… y quién sabe si mundial.

El caso es que hoy una compañera me manda por correo una noticia con este titular:
La ninfómana de Munich vuelve a las andadas
La Policía tuvo que rescatar a un joven africano al que obligó a tener sexo durante 36 horas seguidas y que encontraron frente al portal desnudo y llorando”.

Parece que esta vez la ninfómana de Munich (no me digáis que el nombre no suena a peli de nazis y campos de concentración) quiso probar el mito del hombre negro. Y no sabemos si confirmó lo que todos estamos pensando, pero parece que la negra (sí, somos superiores ;-P) supera en resistencia a la raza aria, porque casi acaba con él, es cierto, pero esta vez, el chico pudo escapar cuando ella “por fin cayó rendida” (el periódico dixit).

Al parecer, esta vez la policía no lo encontró en el balcón, sino en la calle, enfrente del portal de la mujer, en pelotas y desconsolado. Según el Daily Mirror (y El Correo, que es donde lo he leído yo), sus “declaraciones” a los agentes fueron:
“Ella me invitó a venir a su casa. Dios mío, era un infierno. No puedo caminar, necesito ayuda”.




Pd. Recomiendo encarecidamente la lectura de la noticia de El Correo, el uso del adjetivo de Eva Molano (la periodista que lo firma) me parece una obra maestra, desde hoy mismo soy super fan suya :)
http://www.elcorreo.com/alava/20120508/mas-actualidad/sociedad/ninfomanamunich-201205080911.html

sábado, 19 de noviembre de 2011

Mi reflejo

Estaba currando y me ha tocado leerme un mensaje de una chica que se autodefinía así en Twitter:

Soy la típica amiga folclórica que cuando se emborracha no para de hablar y nunca se come un rosco.

Y de pronto he pensado: “qué fuerte esa soy yo, sólo que no callo ni sobria…”.

Con lo difícil que es autodefinirse, lo sencillo que se pone cuando otro lo hace por ti.

lunes, 31 de octubre de 2011

Doble rasero

Uno de los entretenimientos del pueblo son los cotilleos. Quién se casa, quién se divorcia, quién ha vuelto a vivir aquí después de tantos años en Madrid,… esas cositas. El caso es que el otro día me han contado uno que me tuvo dándole a la lengua casi dos horas. Puritito Sálvame local con sus divorcios, sus infidelidades, sus políticos y sus narcotraficantes.
Una cosa bien.

El caso es que la conversación se alargó tanto porque, además del “que me gusta el chisme” a LaGarbo y a mi nos dio por preguntarnos por qué unos tanto y otros tan poco, o mejor, por qué hay gente a la que se le perdona todo mientras a otros – por el mismo delito – se les condena al vacío social. Mi teoría final es que las diferencias de clase siguen existiendo y perdonamos al que consideramos por encima de nosotros pero nunca al que consideramos igual o menor. Juzguen ustedes mismos...

El chisme fresco del sábado era del pueblo de al lado. La mujer de uno de los narcos locales – ahora mismo huido de la justicia aunque se rumorea que está en Bilbao cantándole el lalalá a la policía -, esta chica digo, imputada por la misma redada de la que huyó el marido porque en casa había el típico cóctel de droga, dinero y armas, en lugar de guardarle la ausencia, se ha liado con el excandidato del PP a la alcaldía local, ahora con su propio partido conservador y defensor de la familia. Dicen que ya viven juntos con la hija de la chica – se libró del talego porque tenía una menor a su cargo - , claro que para eso el candidato del partido adalid de la familia ha dejado a la suya en casa. Señora y dos hijos, la pequeña de anteayer – la madre de la criatura aún no se ha reincorporado de la baja de maternidad- vamos, como se dice por aquí: recién parida.

Hasta ahí… bien. Allá cada cual con su vida, su escala de valores, y su hipocresía. Pero el caso es que al mismo tiempo – para que digan que en los pueblos nunca cambia nada – esta chica ha abierto una tienda que al parecer está de bote en bote, con gran alegría para el saldo final del negocio.

Y es aquí donde yo me paré a pensar que, pocos meses después de que el marido de ésta saliera pitando y la dejara en casa con el dinero, la niña, la coca y la pistola, poco después digo, pillaron a otro narco local. Este soltero y sin hijos, pero con madre. No le pillaron droga, no le pillaron dinero, no le pillaron armas, pero le pillaron a él, le entalegaron y allí sigue. Justo un mes antes, su madre había abierto un bar. Trabajaba de cocinera en otro y se decidió a alquilar uno para llevarlo ella… el pueblo entero (en este caso el mío) debió de decidir por unanimidad que la madre de un narco no necesita comer ni pagar facturas, así que desde que detuvieron al hijo y a pesar de la fama de sus pinchos, casi nadie pasa por allí. Ahí se ha quedado, aguantando el tirón por algo en lo que no tenía nada que ver, a no ser que haber parido hace algo más de 30 años se considere delito.

Por qué a una nadie la culpa de hacer la vista gorda con los chanchullos del marido y en cambio a la otra le hacen pagar las culpas de un hijo que hace mucho que se fue de casa, se plantea como un misterio ante mis ojos. ¿Por qué la que un juez ha imputado por delito de narcotráfico y encubrimiento triunfa, mientras la que no tiene nada que ocultar se hunde? Pues, después de darle muchas vueltas y completamente en clave marxista, yo sólo le encuentro una explicación: la lucha de clases.

La primera es una niña bien del pueblo. Si la miras bien no es ni muy alta, ni muy rubia de verdad, ni muy guapa, ni siquiera es rica, pero su padre está muy bien relacionado gracias a su trabajo en uno de los “centros sociales” de la jet local y ella siempre lo ha sabido aprovechar para rodearse y codearse con la crème de la crème autóctona. Ella es esa que siempre hemos querido ser las chicas de pueblo: la pobre que llega “a algo”. Que ese algo sea casarse con un tío con pasta o aprobar una oposción a juez, nos da un poco igual...

La segunda es una tía normal, que de joven se puso el mundo por montera y se divorció cuando aún te señalaban con el dedo y, no contenta, se volvió a casar, esta vez con un médico. Otra pobre que llega “a algo” pensaréis… pues no. El médico era médico, pero no era rico, así que no cuenta y además, después se volvió a divorciar, la muy…

Así que mientras la una se pasea, pendiente de juicio, ante la mirada cotilla pero admirada de todos que, ya de paso, luego van y compran algo en su tienda, la otra, la que tiene que ir a ver al hijo a la cárcel, siente la misma mirada inquisidora de forma permanente sobre su nuca pero mientras, ve como pasan los meses y no saca ni para el alquiler del local.

Yo, personalmente, no lo entiendo.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La soledad era eso

Dejémoslo en que he pasado un mal verano, pero eso tampoco es excusa. La verdad de la verdad, creo yo, es que me sentía sola, más rodeada de gente que nunca, pero sola, esa es la explicación a la que he llegado.

Como la vida va y viene y por el camino, se entretiene, he aquí que desde mis últimos días de Irlanda hasta ahora (hace un huevo de eso, lo sé), mi relación con el Gambas había mejorado sustancialmente. Y no hablo sólo de la parte que todos probablemente estaréis pensando, que también, sino más bien de esa otra que teníamos olvidada: hablar de vez en cuando, pedirnos favores, algún consejo… ser amigos supongo, o al menos, algo que se le parece.

El caso es que, consecuencia del buen rollo reinante, en medio del verano me sorprendí a mí misma acordándome de él bastante a menudo y pensando de cuando en cuando si MBlue no tendría razón, si lo que tenía que hacer era dejarme de historias y juntarme con él, que es un tío que sabe lo que quiere y a dónde va, con el que me llevo bien, con puntos afines, gustos comunes y que además, me pone. En sus palabras, “es el hombre perfecto para ti, lo que pasa que no quieres verlo”.

Yo, más que no querer, es que directamente no lo veía, pero también es cierto que entre otras cosas que el tiempo y el espacio han atenuado, ese no verlo era porque al final siempre acabamos discutiendo. Sin embargo, ya os digo, en los últimos tiempos no. Últimamente el buen rollito campaba a sus anchas entre nosotros así que al final, zas, en un momento de bajón – maldito tiroides – acabé creyéndome lo que MBlue me decía. O casi.

Porque, a pesar de tenerlo muchos días a huevo para probar a ver si ese era el camino ni uno sólo lo intenté, y no fue miedo no, fue prudencia. O quizá sí que fue miedo, pero no al fracaso, sino miedo de mi misma, miedo de al final “conformarme”, algo que siempre he pensado que no era bueno hacer cuando hablamos de parejas. Luego pensaba en el acto de arrogancia suprema que era pensar que me estaba conformando yo - ¿por qué no él? o ¿quién ha dicho que te vaya a decir sí? – y volvía a contenerme pensando: “si un día estás segura 100% de que eso es lo que quieres, se lo dices, pero mientras, espera”. Total que un día por otro, el porcentaje nunca se completaba y yo estuve calladita y a mis cosas, que bastantes eran.

Y así llegó la Feria, momento culminante en la agenda anual del Gambas y yo, cumplidora como la que más, le deseé buena feria y continué con el buen rollismo imperante y él me siguió la corriente. Tanto que los tweets de coña y hashtag corrían como los mojitos de la feria entre nosotros, hasta que un día escribí algo “inapropiado”. En su opinión, claro está.

Después de que él hubiera tuneado su perfil en Twitter con unos moñetes típicos del traje regional de su tierra, mi mensaje fue algo así como “como molan los moños, la pena es no poder verlos en directo”. Error. Fail. Game over…

Se enfadó y procedió a afearme la conducta en privado (el Twitter no es para charlar me dijo, obviando que me llevaba yo leídas todas sus charlas de la feria), pero vamos… ese no es el punto. El punto es que su problema era que, una mente calenturienta que me conozca a mi, a él y a la feria de su pueblo, quizá pudiera pensar que una vez en un tiempo muy lejano habíamos estado juntos y eso no le convenía a su reputación 2.0.

Tal que ahí me di cuenta. Por eso sé que no es para mi. Porque me llama cuando me necesita, a su manera me aprecia, si le pido un favor siempre me lo hace, pero se avergüenza de mi. Tanto, que se agobia ante la posibilidad de que alguien nos relacione, siquiera virtualmente. Y lo vi claro, no es que MBlue no tenga razón, la tiene; sobre el papel es el hombre perfecto pour moi, pero no basta con eso y yo lo sé. Pero lo terrible de todo es que, por un momento, se me había olvidado y ahí es donde caí en que… la soledad era eso.

domingo, 14 de agosto de 2011

“Tía, yo lo flipo”

Como dicen mis sobrinas… Pues eso, que yo también lo flipo, con la iglesia en este caso, o mejor dicho, con sus generales, como les llama Pérez-Reverte, que es quien me ha descubierto la noticia hoy.

Y no, no me voy a poner a largar de la visita del Papa, que más allá de que mi madre me haya despertado hoy de la forma menos amable que le recuerdo en mis 37 años de vida para que pague mi diezmo por vivir a la sopa boba en su casa en forma de servicio de taxista hasta la misa en la cofradía de pescadores que se organizaba en mi pueblo para los chavales que se han alojado aquí en el pre-encuentro papal, más allá de eso digo, la visita en cuestión me da igual ya que no voy a sufrir sus consecuencias e, incluso, ha dado curro a una gran amiga, así que hasta ahí, estamos en paz Benedicto et moi.

Pero, resulta que me siento un ratejo al Twitter esta tarde y leo que @perezreverte escribe esto contestando a otro usuario:

@akhenaton73 Por cierto, lo de Rouco me tiene fascinado. Perdonando ahora los abortos, con Dios sentado en un hombro y el papa en el otro”.

Y claro, ahí he pensado yo, “esto tiene que ser un error, será cosa de la concisión de los 140 caracteres”. Pero no… Google me ha dado la respuesta:

Cardenal Rouco: Sacerdotes en JMJ Madrid podrán perdonar aborto

Y, detrás se puede leer que:

esta medida, que regirá entre el 16 y el 22 de agosto, se ha adoptado para ‘que todos los fieles que acudan a las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud puedan alcanzar más fácilmente los frutos de la gracia divina, que les abra las puertas a una vida nueva’".

Y ahí es donde yo he pensado “tía, yo lo flipo”. Ya en su día aluciné con el repentino anuncio de que ya no había Limbo – temita que, por otra parte, había protagonizado alguna de mis más crudas discusiones teologales por lo que me alegré de “llevar razón” – lógico, pero… no me digáis que no hay que tenerlos cuadrados para cambiar de opinión así, después de años amenazando a los pobres recién nacidos acusados de llevar a cuestas el dichoso pecado original. Pero bueno, eso pasó y pensé que lo había visto todo. Pero no, lo mejor estaba por llegar, abortar es un crimen pero si vienes a cantar los alabarés al Papa entre el 16 y el 22 de agosto, te lo perdonamos. Así, porque sí, porque hoy es hoy, en plan superoferta de última hora y te vale con que te eche el sello un sacerdote, nada de obispos dando el visto bueno, que debe ser que la gracia de Dios hace más clarividentes a los curas bajo el sol abrasador de la meseta…

En fin… sin querer frivolizar, que el tema no es para ello, suscribiría las palabras que una seguidora le decía a Pérez-Reverte:

@Ura____ laUra:
@perezreverte Ha sido un gesto tan hermoso que estoy por ir a abortar aunque no esté preñada”
.

O mejor, lo que el escritor le contestaba a otro de sus lectores:

@perezreverte:
@JoseAngelTwit A mi no me molesta la visita del papa. Me molesta que monseñor Rouco me tome por idiota. A mis años”
.

*Si alguien quiere leer la noticia entera que pinche aquí

miércoles, 27 de julio de 2011

Agente doble

Siempre me han molao las pelis de espías. Me gusta la tensión esa que se crea entre los agentes dobles – tipo Julia Roberts y Clive Owen que no sabían si se querían o se vendían en “Duplicity”, por ejemplo -; los cambios de look imposibles en un lavabo – tipo Bourne -; ese modélico padre de familia que luego no es lo que parece – tipo Schwarzenegger en “Mentiras arriesgadas” -; esas máquinas programadas para matar que luego son dulces hijas de papá – como la protagonista de “Alias” -; o las asesinas con alma – como Nikita -; me gustan, qué le voy a hacer.

El caso es que, aparte de lo entretenidas, mucho de ese gusto al verlas se basa en que me admira que alguien pueda interpretar un papel de forma permanente. Para mi, ese control absoluto de tus palabras, actos y hasta gestos es imposible, y eso que M. lleva año diciéndome que si quiero echarme un novio debería aprender – según ella así tal cual más que gusto, asusto – pero ni por esas; soy incapaz.

Sin embargo, por razones estrictamente profesionales llevo todo el mes viviendo sin vivir en mi, o mejor dicho, viviendo una doble - a ratos hasta triple – vida a través de tres cuentas diferentes de Twitter y otras tantas de Facebook, con sus correspondientes cuentas de email. Y así hay días que al más puro estilo Juan Palomo, mi otro yo hace un comentario en una página de FB que mi yo profesional aplaude ostensiblemente a ver si el resto de seguidores/ fans - o lo que corresponda en ese momento - se suma al aplauso con las orejas y, si el día está flojo, un rato más tarde mi verdadero yo - LaNegra que viste y calza (chándal y playeras últimamente, pero juro que el pijama me lo quito todos los días) – le da al “Me gusta” o se marca un RT para intentar que la cosa se mueva.

Eso sí, la verdad es que eso es cuando la cosa está muy malita, normalmente y para prevenir males mayores, sólo tengo abiertos dos perfiles cada vez, y suele ser mi verdadero yo el que queda relegado a un triste tercer plano. Es una pena, pero es así, porque, aunque mis amig@s en redes sociales pensarán que sí, la verdad es que no me he olvidado de ellos ni he dejado de interesarme por Twitter o Facebook, más bien es que en cuantito me descuido… la cago.

Ayer, por ejemplo, lo abrí un momento… y en cero coma le estaba contestando a Api un tweet usando el perfil de mi otro yo… no era la primera vez que hacía algo así – con gran peligro para la credibilidad de mi otro yo - aunque sí la que más tiempo tardé en darme cuenta del error. El problema no pasó a mayores porque, al hacerlo con mi otro yo todo quedó en casa, pero… ¿os imagináis al perfil de cierta promoción de verano diciéndole a Api por twitter, “sí, sí, cómprame las Ipanemas que yo te las pago el domingo”… pa habernos matao.

Eso sí, diré en mi favor, que en una de estas me he hecho pasar por seguidora de Belén Esteban y me han insultao, así que mi defensa de la Princesa del Pueblo debió ser convincente…

Con éxitos semejantes, lo mismo hasta “me coloco” como dicen por aquí… pero, eso sí, como agente doble fijo que no me fichan ;)

jueves, 30 de junio de 2011

Crash!!

Eso es lo que oyes cuando un BMW X6 (es ese monstruo de coche que parece una tanqueta de las que usan los americanos en Irak) se empotra contra el Peugeot 1007 de tu padre que ese sábado por la tarde conduces tú. Y eso que veis en la foto de debajo es como queda el coche después de oírlo.


Después, cuando te bajas, ves que tu amiga está entera, que tú también; que aunque al principio lo parecía, al final las puertas del coche no se han quedado atascadas y puedes salir; que el niño que se puso a hacer el canelo en el paso de cebra un segundo antes de oírlo también está entero; y que el tío de detrás a pesar de conducir ese coche – odio los todoterrenos – parece un buen tío, que ni ha mirado su coche comprado hace 15 días (literalmente a juzgar por la matrícula) sino que ha venido directamente a ver si tu amiga y tú estáis bien y ha dicho que es culpa suya. Entonces, aunque la mano con la que intentas escribir el parte amistoso no te deje de temblar parece que te tranquilizas un poco...

Luego te das cuenta de que podías haberte llevado por delante al chaval y esa máscara de tranquilidad se tambalea por momentos, pero te da un poco de vergüenza llorar porque no le has matado, ni te has muerto, ni siquiera sangras un poco, sólo tienes el cuello quemado por el cinturón y tu amiga ni eso... Ella sólo ha flipado en colores – aún no ha empezado el dolor de espalda, que llegará y fuerte- e intenta mantenerte en calma a ti en medio de la trouppe de familiares del que te ha dado, que se multiplican por momentos y te abrazan y te preguntan si estás bien aunque tú no tengas ni idea de quiénes son.

El padre, la hermana, el cuñao, los sobrinos... no es coña, estaban todos. Venían de una comida y al ver el golpe fueron parando y acercándose, tan amables como el primero, repitiendo que tenían seguro que no me preocupara y ofreciéndome sus coches cuando yo repetía tipo mantra “he dejado a mi padre sin coche, he dejado a mi padre sin coche”. Surrealista todo.

El resultado final es que ahora mi amiga y yo estamos de baja, con la espalda y el cuello hechos un ocho, la cabeza doliéndonos a placer y los ibuprofenos corriendo como agua. Pero también estamos contentas porque ahora que he vuelto a pasar por el sitio y soy consciente de la fuerza del golpe (salimos del punto amarillo y acabamos en el rojo), ahora digo, sé que somos unas tías con suerte.


Con ese desplazamiento y un siniestro total que voy a tener que recurrir en los juzgados, tener sólo dolor de cuello, espalda y la cabeza como un bombo, no es nada. El coche podría haber venido más rápido, pero vendría a 50 o 60; yo pude estar pisando el freno, pero ya lo había soltado para iniciar la marcha, evitando así que el 4x4 nos tomara por una piedra del camino; pude conducir mi coche, mucho más bajito, en lugar del de mi padre que es alto y paró el golpe con la parte de atrás y no con el techo; pude haberme llevado al tontolaba del chaval por delante, pero le habíamos increpado para que no hiciera el bobo y se había apartado ya... pudieron pasar muchas cosas, pero no pasaron.

Por supuestísimo el primer día que cogí el coche después del golpe el primer vehículo con el que me crucé fue... un BMW todoterreno negro y me dieron ganas de darme la vuelta y aparcar, pero habían operado a mi padre y tenía que ir al hospital a verle, así que... ya que estamos con los choques, que la terapia de recuperación también lo sea. En cuatro días dejo de cagarme por la pata abajo cada vez que alguien se me acerca demasiado por detrás y os lo cuento. Hay que conducir siempre con respeto, pero nunca con miedo, así que... en ello estoy.

lunes, 9 de mayo de 2011

Se me olvidó que te olvidé


- ¿No me olvidarás jamás? – me preguntó en un susurro.
- Jamás te olvidaré. No podría hacerlo.


"Tokio Blues"
Haruki Murakami

Ayer fue el cumple de mi ex y yo casi pego un bote en la cama del susto cuando al ir a poner el despertador - uso el móvil viejo - vi una alerta en pantalla recordándomelo. No la había oído sonar durante el día y al verla me asusté. Pero no porque había pasado el día y estaba quedando fatal, no. Me asusté porque, durante un par de segundos, no recordaba quién era ese tío al que yo debía felicitar porque le caían 35.

La hora – 3.30 h. -, el sueño y el cansancio seguro que tuvieron mucho que ver, pero... no recordar quién era me impactó. No sé si lo habéis hecho alguna vez, pero es que a éste yo le había asegurado que no le olvidaría nunca.

Al final va a ser que le mentí...

viernes, 6 de mayo de 2011

Piando, que es gerundio

Publica Don Federiko un post titulado El Pajarillo en el que hace una – en mi modesta opinión – muy acertada caricatura del uso que la mayoría de nosotros (y me incluyo) hacemos de Twitter.

El caso es que yo también pío de vez en cuando en dicha red social y, aunque intento controlarme, confieso que saca lo más cotilla de mi. Antes lo hacía en Facebook, y de hecho me sigue gustando hacerlo de cuando en cuando aunque lo hago menos que antes porque me roba mucho tiempo, pero Twitter es más rápido, más de aquí te pillo aquí te mato. Cualquier ratito de espera es bueno para abrir la jaula – cómodamente instalada en mi teléfono móvil – y oír al pajarito cantar o silbar tú misma.

Como le contaba a Don Federiko acerca de su visión, me he dado cuenta de que, a pesar de haberme pasado el invierno viendo las múltiples ventajas que las redes sociales ofrecen como medio de comunicación, comunidad de ayuda, etc, etc, lo que más me pone a mi de Twitter no son ni las ofertas de trabajo – algunas de mis mejores entrevistas han salido de ahí -, ni los grandes conocimientos recibo a través de ellas, lo que más me gusta del mundo mundial es ver los partidos del Madrid a través de la Conexión Vallekana. Señoras, señores... la tercera dimensión del fútbol nada tiene que ver con los televisores HD, la tercera dimensión del fútbol es ver los partidos con el Twitter abierto. El MerengueVallekano y sus aledaños son lo mejor; pero si eso lo aderezas con tu profesor de posgrado con los papeles totalmente perdidos; esa compañera culé que te cae tan bien y te da taaanta cera; el mogollón de tweets en catalán que te deben estar poniendo verde pero a ti plín, porque no te enteras; la falta total de objetividad del otro, que jura que es del Athletic, pero debe ser que el Nervión pasa por las mismitas Ramblas; ese otro al que sigues aunque no le conozcas de nada porque resulta que es super ingenioso y al final también resulta que es blanco nuclear; y cómo no, todos los que odian el fútbol, pero no pierden nunca la oportunidad de recordártelo en medio del partido (que pa no gustarles, controlan el calendario de la Champions mejor que yo, vaya)... todo eso, como os decía, me pone.

Que luego están los gurús y sus teorías, sí. Que a veces tengo conversaciones en las que parece que, efectivamente, al final va a ser verdad eso de que en el mundo hay dos tipos de personas – en este caso las que twittean y las que no – y a mí misma me resulta ridículo, sí. Pero que yo creo que en el fondo el Twitter triunfa porque, en general, a los humanos nos gusta mucho píar y muchas veces hacerlo de más (que se lo digan a Bisbal), pues también.

Al final me parece a mi que, como le dijo áquel a Api antes de lanzarse en tirolina por una pendiente de más de 2000 metros:
- Pío.
Y cuando ella le preguntó por qué decía eso, él – muy sabiamente – le contestó:
- Para que no digan de mi aquello de “el pobre se murió sin decir ni pío”.

Pues eso.

jueves, 28 de abril de 2011

Mi vena nacionalista

Si me lo llegan a contar hace unos años no me lo creo, pero aquí está y tengo que aceptarla como propia: a mi también me duele España. Pero no, no os asustéis, no me pareció bien que en la Copa del Rey la afición del Madrid cantara “Que viva España” como si el equipo de enfrente no fuera español y no tuviera a más de media selección campeona del mundo en sus filas, no, no he cambiado tanto. Lo que me molesta – y mucho – es el desprecio europeo en general hacia España o, para ser más concretos, hacia la forma de trabajar española.

En mi etapa irlandesa me cansé de oír lo impuntuales, vagos e informales que éramos los españoles y los italianos (prácticamente les parecemos todos iguales), les encantaba repertirlo a cada nueva hornada de estudiantes: “aquí empezamos a las nueve, y eso significa las nueve en punto de la mañana, y esto va por los españoles y los italianos”. Así, literalmente. Yo creo que, en su nube de superioridad, pensaban que nuestras impuntuales mentes no captaban la mala educación del asunto, pero bueno, todo iba bien hasta que, a la semana y media de vivir allí, te dabas cuenta de que ellos eran aún más impuntuales, vagos e informales que cualquiera de nosotros. Nunca he visto un sitio más informal que tanto presuma de lo contrario, porque aquí somos informales, pero no vamos de otra cosa.

Viene a cuento contarlo ahora porque en los últimos días he estado a punto de aceptar una oferta de trabajo en Salzburgo. Seis semanas de prácticas – ¡a mi edad! – pero con vistas a quedarse y en unos meses estar de vuelta en España para abrir oficina aquí. Entrevista por skype, agrado mutuo y oferta. Todo bien hasta que, llamadme rara, antes de sacarme el billete y reservar pensión, pregunté los detalles prácticos del asunto: tipo de contrato, idioma en el que estaría redactado, sueldo ahora y sueldo después, ciudad de España en la que se iba a abrir la oficina...

Que aún no hubiera pensado en qué ciudad española iba a abrir la supuesta oficina; que haya fijado mi futuro sueldo sobre la marcha y encima fuera bajo; o que a mi pregunta sobre en qué idioma me iba a dar el contrato – habla perfectamente español – me respondiera prácticamente con un está en alemán pero no me apetece traducirlo al español así que he pensado que te escribo una cosa corta, una hoja, y ya está, es casi lo de menos. Lo de más es que, con ese panorama, se permitió el lujo de decir que entendía que desde mi punto de vista el tipo de contrato importaba mucho porque “vienes de un país donde – como es mi impresión – el trato al los empleados no siempre es el mejor”. Así, sin despeinarse.

Que el tío quiera emplear de becaria a una tía que acabó la universidad en el año 96 para pagarla una mierda y, consecuentemente, escribirla el contrato en un trozo de papel higiénico tiene que ser de fiar porque es papel del váter austriaco, pero que la tía – en este caso yo – pregunte qué coño va a firmar es desconfianza lógica teniendo en cuenta que es from Spain, ese país subdesarrollado y salvaje.

De germanos vagos acabé yo hasta las narices en mi viejo trabajo, así que con su brot se lo coman los austriacos. O como dijo aquel... bye, bye, a tomar por culo por ahi (*).


(*) Léase “ay”, sin tilde, que es como decimos ahí en mi tierra y que es también lo que facilita la rima en este caso.

martes, 22 de marzo de 2011

Cantabria is different

Leo la noticia en el periódico, me da la risa y lo primero que pienso es eso, “Cantabria is different”. Me vengo al ordenador para contároslo y leo que el último comentario que han hecho sobre la noticia en www.eldiariomontanes.es reza “Spain is different”, y me vuelve a dar la risa.

Roban 50 metros de carretera en Mogro” ese es el titular. Sí, habéis leído bien, han robado la carretera. Hace dos días estaba y ahora no está... ¡¡tachááááán!! Ni rastro del asfalto recién echadito. ¿Qué hacen falta un camión y una pala para llevárselo? Sí, pero sólo un vecino vio un camión y una minipala pero como explica el señor alcalde “la lástima es que penaba que eran trabajadores de la obra y no hizo nada”. Una lástima, sí.

Pero lo mejor de la noticia no es eso, lo mejor son las declaraciones del señor alcalde acusando a los ladrones de haberle “amargado el fin de semana” (pobre...) llevándose la carretera de acceso a esta playa, paraje “de bella factura” (algo me dice que el periodista que firma la noticia se ha reído escribiéndola más que yo leyéndola...); avanzando hipótesis con las causas que han provocado el robo: “es una pataleta sin sentido de algún vecino, posiblemente, descontento con la obra” (¿descontento?, ¿en serio?); y, lo mejor, sacando enseñanzas de la experiencia vivida: “sabía que se podían robar muchas cosas, pero no una carretera. Con esto he aprendido que el asfalto también se puede sustraer” (ahí queda eso).

¿Qué os parece la perla? Y pensabais que Revilla era lo más original que esta región iba a dar al mundo...



pd. Os dejo el enlace por si queréis leerlo entero y comprobar que no me lo he inventado, no os perdáis la explicación de un tal Chema y su teoría del museo espacial...

sábado, 12 de marzo de 2011

¿Nunca lo has pensado?

Podría haberla leído en “El Caso” (¿se publica aún?) pero lo vi en Twitter. El caso es que cuando acabé de leerlo, en lugar de horrorizarme por la absurda razón que llevó al colgao éste a darle doce puñaladas al pobre informático lo primero que pensé fue: “joder, pues sí que le tenía hasta los cojones, sí”. Y me quedé tan ancha.

Me duró un par de minutos. Luego caí en que doce puñaladas te matan y volví en mi. Pero por un momento me acordé (y esto quizá os lo haya contando ya) de aquellos viajes mi pueblo-Madrid del año 93. Cinco personas y ocho maletas en un 205 contigo-al-fin-del-mundo, la autovía sin terminar, carretera de 2 carriles para subir Somosierra y mi vecino (conductor y propietario del vehículo) preguntando si alguien había visto cuánto quedaba cada vez que la distancia acababa en cinco. La rima os la sabéis. Lo que no adivináis es que yo fui la torda que cumplidamente respondió a la pregunta en todas las ocasiones menos en una, y en 400 km esas no son muchas veces, son demasiadas, creedme.

Y no lo digo por rencor, no. Lo digo porque en esos 400 km (y entre 6 y 7 horas de viaje), una sola vez mi hermano mayor – que también estaba en el coche y que ejerce de tal pocas veces, pero cuando lo hace, lo hace bien – de repente se puso a hablar de que él la semana anterior había ido a un restaurante italiano y que estaba todo buenísimo. Contó varios detalles de esto y lo otro y luego, como que no quiere la cosa, dijo: “y yo me pedí unos de esos, ¿cómo se llaman, que ahora no me sale la palabra?, esos que son como la lasaña pero redondos, rellenos de carne picada?”. Y mi vecino, que además de muy bromista también es un gran tragón, soltó raudo y veloz: “canelones”. Esta rima también os la sabéis, pero el cabreo que se pilló el graciosillo de mi vecino, ni lo sospecháis.

Yo, que intento ser una señora siempre que puedo, a pesar de mis 19 recién cumplidos con su posible tendencia a la venganza adolescente, no hice sangre. Me reí como primera reacción - igual que los otros tres pasajeros -, pero después callada, que estoy más guapa. Fijo que no tanto como una docena de puñaladas pero le dolió, y aunque el arma no la manejaba yo, lo hizo “la familia” al más puro estilo El Padrino.

Una vez frente a.... ¿treinta, cuarenta?... por ahí, y estuvo enfadado y con morro hasta que llegamos a Madrid dos horas después. Y no es sólo él, el especimen graciosillus repelentus repetitivus suele tener mal perder cuando se les hace probar su propia medicina.

Por eso creo que la última frase, ese “el agresor ha declarado desde la cárcel que su compañero le ‘estaba hartando con sus tonterías’”, fue la que me hizo “entenderle”. Porque, por muy tranquilos que seamos, por muy pacientes que nos mostremos, por mucho que vivamos en sociedad y cumplamos sus reglas de educación y cortesía, por mucho que nos controlemos... ¿nunca habéis tenido ganas de pegar a alguien por tocaros las pelotas?

domingo, 27 de febrero de 2011

Pierdo la cabeza...

Acabo de pasarme hora y cuarto conectada a una videocon- ferencia del curso que estoy haciendo y, el profesor me ha caído entre bien y muy bien, y su voz... bueno, que nada más terminar me he puesto a buscar a ver si el tío está también bien o no.

Como su imagen del Twitter es una caricatura, pues parece un tío gordito, con perilla y gafas, castaño-arrubiado... una especie de oso amoroso del que estaba dispuesta a enamorarme (virtualmente, se entiende).

Pero al buscarle, resulta que el tío es más moreno, más alto, más delgado y más guapo de lo que me esperaba, y voy yo y lo primero que pienso es “pues vaya :( ” y claro, después lo he pensado otra vez y me he dado cuenta de que, definitivamente, estoy perdiendo la cabeza.

lunes, 14 de febrero de 2011

Cuatro años ya...

Hace un par de años, tal día como hoy, desvelaban los científicos que el amor dura máximo cuatro años y se caracteriza por ser un "estado demencial temporal” y que estar enamorado es comparable a un estado “obsesivo compulsivo”.


Hace cuatro años, tal día como hoy, a nosotras se nos ocurría empezar esto. Así que, si después de hoy seguís celebrando este 14 de febrero con nosotras, vosotros estaréis oficialmente enfermos y nosotras eternamente agradecidas...

Vuestras,
Api & LaNegra.