viernes 10 de julio de 2009

Teclado para rubias

buscando por internet algo que no tenía nada que ver he encontrado este 'teclado para rubias', que es como lo reseñaban.
es genial
las mejores teclas:


ESC - No!
Entrar - YES I want it!
Espacio - The Big One: I need my space
Retroceso - OOOPS!
Alt - Useless key


Aunque en realidad, hay bastantes teclas que las denomina como Useless (inútiles), entre ellas los Ctrl, Alt y toda la fila de las F1-F12.
También tienen su puntazo, las teclas númericas de la derecha

Os lo podéis comprar por 50 dólares en www.keyboardforblondes.com

miércoles 8 de julio de 2009

It does work!!!

Como el culo de lento, chavales, pero... ¡¡¡funciona!!!
A ver si me resiste los asaltos y os pongo al día. De momento os tengo que dejar, en 12 minutos comienza la noche del mojito en el salón de mi casa.

¡¡A vuestra salud!!

viernes 3 de julio de 2009

Hostel sweet Hostel

No recuerdo si alguna vez os lo he contao, pero hace años Api y yo nos fuimos con Mblue y Mr. Calidad - a la sazón ex novio de Api – a Amsterdam. Aquella vez el hostel lo reservamos por internet: habitación para cuatro. Al llegar a nuestra habitación (en lo más alto de un estrecho y empinado edificio), nos abre la puerta – desde dentro – un chino en calzoncillos, y cuando Mr. Calidad le dice “sorry, que nos hemos confundido”, el chino resacoso le quita la llave de la mano, la mira, y le dice que no, que esa es su habitación y que “go on”.

Al asomarnos descubrimos que la habitación tenía cuatro literas en las que, efectivamente, quedaban cuatro camas libres: las nuestras. El resto estaban ocupadas por este orden y ubicación: el chino resacoso que nos había abierto la puerta en una litera de abajo; un negro grandote que olía a estar sudando whisky igual o más que el chino – de hecho olían a la misma bodega – que ocupaba otra litera de abajo; una litera de arriba ocupada por dos mochilas; y, debajo de ésta, otra litera en la que no podíamos adivinar quién o quiénes dormían porque la habían ocultado con una tela que bajaba desde la de las mochilas.

En resumen, nos quedaban una litera completa y dos camas de arriba a elegir... Api fue tajante, miró a Mr.Calidad y le dijo: tú duermes conmigo, en la litera completa, of course. Él hizo amago de protestar, pero no tuvo opción. MBlue también fue tajante, pero a su manera: durmió con los vaqueros y la cazadora puestos, unos kleenex sobre la almohada y, si la memoria no me falla, las gafas puestas por si había que salir corriendo. Por cuestiones de ingeniería práctica, la pareja ocupó la cama de abajo y MBlue la de encima. Me tocaba elegir a mi. Tenía dos opciones, les miré, miré su litera, valoré la situación y emití mi veredicto: me pido chino.

Por si hay alguien intrigado, las razones de peso que me hicieron decidirme por el chino y no por el negro fueron dos: su litera era la más cercana a la de mis compañeros de viaje y el chinurri tenía unas abdominales de escándalo. Ya que me ponía a elegir...

Total que, no sin esfuerzo, escalé hasta la cama de arriba y al llegar descubrí que, al menos, las sábanas olían a limpio. Desinfección a 200º mínimo, así que ni corta ni perezosa metí la mano por el escote de la camiseta, me saqué el sujetador y, acto seguido, me metí debajo del edredón para quitarme los vaqueros. Api y MBlue no daban crédito: tú estás loca; Negra qué haces; tendrás los cojones de desnudarte aquí; pero qué asco... en tono cariñoso, eso sí. Antes de que empezara la primera canción en el walkman (sí, sí, uno de cintas) oí que alguna añadió: “pero qué huevos tiene, si hasta se va a poner música para dormir”.

Imagino que, si habéis leído el post anterior, os haréis una idea de por qué el sábado me vino todo esto a la memoria. El BA Hostel de Ámsterdam inspiraba entre poca y ninguna confianza, sin duda, pero allí lavaban las sábanas, con detergente para matar chinches, vale, pero estaban limpias. En el Arnie’s Backpackers donde yo dormí este fin de semana no conocen el jabón.

Cuando levanté la almohada me encontré dos horquillas dos, señal inequívoca de que aquello no lo había removido nadie para nuestra llegada. Eso por no mencionar el olor que, por delicadeza, mejor os lo ahorro. El hecho de que la litera de abajo estuviera más arriba que la ventana – abierta – con lo que el que dormía de ese lado tenía peligro de muerte, o de que entre nuestras literas y las de los vecinos no cupiera una persona a lo ancho, creedme, es barro.

Afortunadamente llevaba un pantalón de pijama en la mochila, así que esta vez dormí vestida, pero no por falta de ganas de dormir en bragas, no. Fue pura y llanamente por una ecuación infalible que sumaba la abundancia de asco y la falta de valor.

Lo peor de todo esto no es que al sitio en cuestión llegásemos por recomendación de la oficina de turismo local, no. Lo peor es que, a falta de internet, para escribiros el nombre exacto del antro he tirao de la guía que me compré para venir aquí:

“Tiene el honor de ser el albergue más antiguo de Belfast, pequeño y con una fantástica atmósfera. Un lugar emblemático, sin duda”.

De la antigüedad no tengo nada que añadir. A la atmósfera yo la calificaría más bien de “cargada”. Respecto a lo de que es un lugar emblemático... sin duda. Yo, personalmente, estoy segura de que nunca lo olvidaré.

Qué (puto) sitio, qué asco. Lo único bueno de todo aquello fue que el par de tórtolos que me acompañaba se las apañó divinamente para que, como que no quiere la cosa, yo le acabara diciendo a él que mejor se pasara a la litera doble de abajo con ella, que ya me iba yo a la de arriba: “que a mi no me da miedo”.

Así que... once again... yo al palomar, sólo que esta vez, en vez de un chino borracho, debajo tenía a un par de teenagers abrazaos. Juraría que ni se metieron mano pero, como podéis imaginar, yo le volví a dar al botón para escuchar música. Eso sí, esta vez llevaba un iPod, que una ya tiene una edad ;)

jueves 2 de julio de 2009

Belfast

Pues esto que veis al lado es un desayuno típico de Belfast, más british que el irlandés al parecer, pero igual de contundente por lo visto. Minutos después de sacar la foto todo eso (bueno, todo no, dejé un pico de pan :-$) estaba en mi estómago. Me jalé hasta las alubias. Ni yo, que me lo estaba trasegando, daba crédito. En mi defensa sólo puedo añadir que me lo había ganao.

Con mi don de la inoportunidad habitual yo, que no pensaba ni visitar Belfast, aterricé en la ciudad justo el día que empiezan las marchas de los protestantes para ir calentando motores hasta que el 12 de julio celebran el día de la orden de Orange o algo así (como no tengo internet mientas os lo escribo no lo puedo decir con total certeza). Total, que cuando estábamos nosotros saca que te saca fotos a los murales de protesta que pintan en los laterales de sus casas, se empezaron a oír tambores, el helicóptero de la policía empezó a sobrevolarnos y el taxista que nos había llevado a dar el rulo por allí vino corriendo a buscarnos en plan: sois unos fucking tardones.

Cuando vi las tanquetas y a los polis preparándose para vigilar al lado del Checkpoint Charlie del muro que separa la zona protestante de la católica entendí al pobre taxista. Esos muchachotes (y muchachotas) con pinta de british preparados para el ataque imponen, a qué negarlo.

La zona católica me pareció menos fundamentalista, pero igual es sólo porque ellos no celebraban nada. Los murales son igual de heavies que los del otro lado – incluso hay alguno de apoyo a la independencia de Euskadi -, y los patios de las casas que están pegadas al muro parecen campos de concentración, protegidos por alambrada por si les lanzan cosas desde el otro lado.

Al bajar del taxi, no sabes muy bien qué, pero notas que algo flota en el ambiente. De hecho, te sientes un poco mal por estar allí de turismo y más aún cuando, de repente, un niño de unos 9 o 10 años aparece por la calle con su camiseta de fútbol, saluda a su vecino, el de la camiseta del Barça, y se acerca al monumento funerario donde tú estás sacando fotos. El niño se para delante de una de las placas conmemorativas, alarga la mano y empieza a acariciar uno de los nombres grabados en la pared. Probablemente esa sea la mejor foto periodística que yo hubiera podido hacer nunca. No disparé. Me dio vergüenza. Dos o tres minutos después, el niño le estaba dando patadas al balón de su vecino y yo sacándole fotos al edificio del Sinn Féin.

Otra media hora y ya estaba montada en una noria sacándole fotos a los dos tortolitos semi-adolescentes con los que me había ido a pasar el fin de semana. Supongo que las cosas funcionan así. Los murales a mi me impresionaron porque muchos conmemoran cosas que yo he visto en el telediario. Ellos dos ni siquiera habían nacido.

Y es que, lo de volver a la escuela, tiene estas cosas. Tus compis de clase tienen 18, pero se enrollan más que los de 30, así que te vas con ellos de excursión. Te levantas a las seis de la mañana, te pillas un tren a Dublín – 50 minutos -, después un bus a Belfast – 3 horas -, te pateas la ciudad de arriba abajo – y cuando digo patear es literal -, te jartas a bocatas para adaptarte al presupuesto, te metes en un hostel infecto, haces como que duermes y cuando te levantas desayunas el especial de la ciudad, de la casa y de lo que te pongan por delante. Básicamente, porque sólo son las nueve y media de la mañana del domingo y aún te queda por delante una jornada que incluye: 2 horas de autobús de ida a la costa de Antrim para ver la Giant’s Causeway , un paseo de otras dos horas cuesta arriba y cuesta abajo por los acantilados, las correspondientes 2 horas de vuelta al punto de salida y, una vez allí, otras tres horas de autobús Belfast-Dublín para volver a casa. Los 50 minutos de tren Dublín-Bray te acaban pareciendo un regalo.

Todo esto aliñado con que había que hablar en inglés porque la concurrencia era un tercio italiana, de cuando en cuando traducir al español porque el otro asistente nacional es un catalán con 18 años y dos cojones que se ha venido aquí sin saber siquiera conjugar el futuro, y que la edad de mis dos acompañantes sumadas equivale a la mía.

Así que, cuando a las nueve de la noche llegamos al hostel totalmente destrozados y descubrimos que nuestra habitación de tres que luego eran cuatro acabó resultando ser de seis, que nuestro vecino eran vecinos y encima desordenados, y que – esto a mis compis ni se lo comenté – aquellas sábanas no conocían la lavadora desde hace años, no me quedó otra que venirme arriba y empezar a representar un papelón, quizá el mejor de mi vida: el de la treintañera experimentada a medio camino entre graciosa y viajada que reconfortaba a la compañía al grito de “don’t worry chavales, que sólo es una noche y mañana dormimos en casa”. En realidad me estaba dando un asco que me moría y haciendo que el BA hostel de Ámsterdam pareciese un cuatro estrellas, pero eso es otro post ;)

martes 30 de junio de 2009

Segundas impresiones

Abandonaditos os tengo, lo sé, pero es que no paro. Si he de ser sincera me estoy empezando a estresar un poquito, pero es que aquí todo es como os diría yo... intenso. Las clases lo son y, como al salir, no haces más que conocer gente nueva pues esto es como vivir en un estado de alerta permanente y eso que hablo más spanish del que debiera.

Es lo que tienen las segundas impresiones, que corrigen las primeras. Llegué muy fuerte, hablando inglés a diestro y siniestro y, aunque en cuanto me descuido me vengo arriba y vuelvo a hacerlo, no siempre es tan fácil. Al final en la escuela somos muchos españoles y, si quieres hacer planes, tiene que ser con ellos. También están los italianos, las italianas mejor dicho, que también participan y se vienen con nosotros, pero el resto... Los chicos italianos son muy jovencitos y tienen “otros planes”, los japos se mueven entre ellos, y los de la República Checa, exceptuando alguna exitosa conquista a la española, más o menos también. Total, que al final podemos ir 6 españoles y 2 italianas y la cosa no siempre resulta tan English como debiera, pero bueno, lo intento. Es más, como soy así de masoca... el miércoles que lo tenía libre, me he apuntado a unas clases extra que son como de inglés de negocios. Puede servirme, es sólo una horita y media, y son gratis.

Lo del dinero aquí es como vivir en otro mundo. No es que en España no me preocupe por él, pero para venir aquí ya me he gastado un pastizal, así que la idea al llegar era controlarme. A mi favor está que el resto de la gente está igual y eso lo hace más llevadero. En mi contra que las cervezas no son baratas y el transporte y los museos, tampoco. Conclusión: si quiero ir a Dublín a pasar la tarde, visitar un museo y tomarme una birra, no lo hago por menos de 20 pavos, y claro eso un día bien, pero todos... imposible.

Afortunadamente el amigo del tercer hombre – lástima que ya nos abandone, me ha gustado – nos ha enseñado el secreto para beber cervecitas baratas en uno de los sitios más míticos (y bonitos) de Dublín: el bar universitario del Trinity College. Tomarte una birrita – aunque sea una Amstel – al solecito irlandés mientras intentas entender (sin conseguirlo) un partido de cricket, es una experiencia altamente recomendable y, dados los precios locales, relativamente barata.

Por lo demás salgo hasta los días que me propongo no salir. Ayer por ejemplo, me levanté cansada, un poquito melancólica y con ganas de recuperar un poquito de mi soledad (se me había olvidado qué era compartir casa), pero a eso de las seis llamaron al timbre las chicas de la otra residencia y acabamos en la terraza de un pub escuchando cantar a una prima lejana de Amy Winehouse acompañada por Robbie a la guitarra. Estupendo Robbie, si él va todos los domingos, habrá que seguir su ejemplo.

Y de momento poco más. Siento que mis últimos post parezcan un diario, pero es que tanta actividad apenas me deja tiempo para nada más reflexivo. Imagino que con el tiempo llegue la calma. Todo el mundo dice que las primeras semanas son las más locas... por la salud de mi hígado, espero que así sea. Ya os lo contaré...

LaNegra recorded from Ireland

lunes 29 de junio de 2009

Nota

Please, leed de abajo a arriba...

LaNegra live from Ireland

Primeras impresiones IV

Alcohólicas, mayormente. Ayer cené Guinnes, hoy he desayunao ibuprofeno. Esto funciona así. Para colmo cuando me he levantado esta mañana hacía un día de mierda y me he dado cuenta de que el lunes, en mi paseíto por el pueblo debí perder uno de mis pañuelos favoritos, porque no lo encuentro por ninguna parte. Total: resaca + mal tiempo + pañuelo perdido = tristeza.

Hoy he ido a la escuela tristona. Afortunadamente tenía nuevo profesor, el londinense que se perdió en Eire, y el tío ha conseguido mejorar mi humor. Después la gente, mi primera comida medio decente (hasta hoy sólo había comido sandwiches de salchichón y manzanas) y otra visitilla a Dublín, pelín alcohólica también – lo de este país con la cerveza va a acabar con mi hígado y conmigo - pero divertida. El amigo de el tercer hombre, un tío majete, nos ha paseado por Dublín y, una de las cosas que no me quería perder al llegar aquí, he estado tumbada en el césped del Trinity College.

Mi humor ha ido mejorando a lo largo del día y, aunque sé que hablo mucho más español de lo que me había propuesto, también es verdad que alguna vez ayuda como hoy por ejemplo, cuando, de camino a Dublín, se me ha sentado un vejete al lado en el metro y, al oírnos hablar ha dicho: “¿South America or Spain? Where are you from?”

A partir de ahí he tenido una estupenda conversación con un irlandés de unos setenta y pico años que me ha dado un consejo: la vida está para vivirla, y es corta, aprovéchala. Yo diría que es un gran consejo, envuelto en efluvios de café irlandés, pero grande. Trataré de seguirlo.

LaNegra recorded from Ireland
17.jun.09

Primeras Impresiones III

Hoy ha sido mi primer día de clase intensiva. Ha molao. Las tres horas de por la tarde se pasan en un suspiro. La profe es muy buena o al menos a mi, me lo parece. A pesar de mi dieta del sándwich de salchichón, he vuelto contenta a casa. Después, al Tesco, que viene a ser el Champion de aquí (llamarle Mercadona me parecen palabras mayores).

Hemos ido el tercer hombre y yo. Para mi ha sido como volver a los 18, con aquellas compras de “los básicos en común y luego, cada uno lo suyo”. Después, cargando a casa con ello. Moi!!, la sta. del maletero del 207... si me hubierais visto... con una mochila de portátil y una bolsa-bola de Decathlon cargando con la compra durante un cuarto de hora (vamos, un paseíto). Ver para creer...

Después... Guinnes. Nos la hemos ganao. Hemos ido al antro más antro de todos los antros de Bray, el Harbour Bar. Menos piratas allí había de todo pero... ha merecido la pena. Eso es un bar de aquí de verdad. Sólo dos guiris: el tercer hombre y yo. Mucha cerveza: el tercer hombre y yo. En menos de 7 horas suena mi despertador. Aquí todo es intenso, incluso el sueño reparador.

LaNegra recorded from Ireland
16.jun.09