No sé si os acordaréis de aquella canción de Sting que empezaba con un (para mi) sublime “I don’t like coffee, I like tea my dear, I like my toasts done on the side...” que tan bien define las diferencias entre los ingleses y los americanos, a pesar de su lengua común, y que, en el estribillo, repetía “I’m an inmigrant, I’m an ilegal inmigrant, I’m an English man in New York”. Desde ayer me siento un poco así.
Estoy de vuelta en Irlanda, llegué ayer, y hoy ya he empezado un curso que me va a tener tres meses, seis horas al día (de lunes a viernes) estudiando con otras once personas: un chico rumano y diez irlandeses. No sé cómo lo verá el rumano, pero yo no pillo ni la mitad, eso sí, por purita mala suerte me ha tocado ser la primera en hablar...
Cuando vine en verano me movía entre españoles e italianos como nacionalidades fuertes y a mi alrededor, aunque todo el mundo hablaba inglés, todos lo hacían con tremendo acento extranjero, así que los entendías. Hoy he comido con cinco irlandesas que no paraban de hablar y he sido incapaz de entender nada. Por expresarme en la que de aquí a Navidad tiene que ser por fuerza mi lengua, ha sido “terrible”. No me podía concentrar en nada, ni en la conversación, ni en la comida.... mi único punto fuerte ha sido intentar mantener la cara de “vosotras seguid, que no pasa nada”.
Esa es la parte “inmigrant”, la parte “ilegal” la tengo en casa. IlBello me ha buscado alojamiento en su humilde morada de aquí a Navidad, hasta aquí todo bien – incluso diría que estupendo – el único problema es que el casero no sabe de mi existencia. Si me ve, yo sólo pasaba por aquí porque soy IlBello “girlfriend” (sí, ya lo sé, varias de vosotras estáis pensando que en mis sueños me ligo yo a tremendo cañón). El caso es que el Fascista Tierno – otro italiano habitante de la casa – y el vecino irish ponen una cara muy rara cuando IlBello cuenta el plan. Me veo en la Garda intentando explicar que yo sólo pasaba por aquí...
Pero bueno, la suerte está echada. De esta o aprendo English o aprendo English – con lo que a mi me gusta opinar, si en dos semanas no entiendo algo más, me voy a pegar un tiro – y, de paso, un poquito de Italian porque mis “amicos” se han olvidado de que la española non parla italiano, así que en la cena de ayer con IlBello, TheKing y el Fascista Tierno, me tocó devolver en mis carnes y todas juntas las perrerías lingüísticas que los españoles – mayoría absoluta entonces – les hicimos a ellos en verano. Peeeero... no problemo, yo por hablar, hablé hasta del “calcio”. Faltaría más.
LaNegra recorded from Ireland
martes 10 de noviembre de 2009
lunes 9 de noviembre de 2009
En ocasiones alucino
Reconozco que vivo obsesionada por la crisis. En cuanto tengo ocasión, voy preguntando a todo el que se me pone enfrente que cómo lo ve. Y es curioso. En general, la gente lo ve mal o muy mal. Este fin de semana el dueño de un Tien21 me aseguraba que ha bajado el precio medio de las lavadoras que venden (artículo de inmediata reposición que le llaman) y que si venden una de más de 400 euros descorchan champán (ya será cava) cuando antes nadie bajaba de 600. Hace unas semanas un taxista jovencito me contaba que vuelve a tener trabajo en los mismos niveles que hace dos años, que él achacaba a que con la revisión de las hipotecas, la gente ha recuperado algo de cash. Yo que sigo pagando un euribor al 5% (bendito diciembre) no he notado mejorías por ahí ni por ningún otro sitio. No paro de oir hablar de nuevos despidos en todas partes, ya da igual que seas pintor que informático o periodista.
Por eso no deja de sorprenderme lo que acabo de leer en Expansión: En octubre, se vendieron en España más BMW que en India, Brasil, Austria y Holanda (juntos).
En otro orden de cosas, esta mañana he dejado a la negra en Barajas rumbo al invierno dublinés. Ya nos contará.
Por eso no deja de sorprenderme lo que acabo de leer en Expansión: En octubre, se vendieron en España más BMW que en India, Brasil, Austria y Holanda (juntos).
En otro orden de cosas, esta mañana he dejado a la negra en Barajas rumbo al invierno dublinés. Ya nos contará.
lunes 2 de noviembre de 2009
¿Truco o trato?
O así éramos aquí, porque el sábado estaba yo siguiendo otra tradición typical spanish – o sea, echándome la siesta – cuando de repente “ding-doooong” suena el timbre de mi casa. Con un ojo todavía cerrado abro la puerta y... “¿truco o trato?”. Cuatro niños – alguno ya más alto que yo – estaban en mi puerta pidiendo caramelos porque era Halloween. Mi careto debió ser un poema. Los niños todavía deben acordarse. Yo flipé en colores, ahora... ellos sí que debieron flipar.
Me quedé tan impresionada que mi reacción fue acordarme de que me quedaban unas pocas gominolas que tengo a bien tener por casa para cuando me dan lo que yo llamo “ataques de azúcar”. Las cogí y salí a la puerta y dije – con un tono bastante seco, lo reconozco - la frase mágica: “coged un puñao cada uno pero repartíos porque sólo tengo esto”. Momento en el que el cual el listillo del grupo, escondido detrás de una careta de Scary Movie dijo “¡¡¡un puñao!!!” metió la manó y cogió tres cuartas partes de las gominolas allí presentes, mientras otros dos intentaban pillar lo máximo posible y a la niña más pequeña le dejaban sólo dos y porque yo levante la mano para que no se las quitaran todas.
Entre el mosqueo que tenía porque me habían despertao, el rechazo que me producen los niños pidiendo de puerta en puerta – jamás vendí una papeleta para una excursión cuando era pequeña - , y el listillo-acaparador-de-los-cojones, antes de darme cuenta les estaba echando la bronca por egoístas y cerrándoles la puerta, eso sí, con el tuper de gominolas completamente vacío.
Total, que ellos no lo sabían pero, yo me había puesto el disfraz de bruja y había elegido truco. Me estoy haciendo mayor, lo sé, pero es que me jode que los padres les pinten la cara a los críos y, para echarse ellos la siesta, los echen a la calle a joderle la siesta a los demás. Eso por no decir que cualquier parecido de mi barrio con Wisteria Lane es pura ficción...
sábado 17 de octubre de 2009
Derecho a la vida
Hoy una amiga de Api y mía – y lectora, aunque ahora tendrá menos tiempo para bajar al cyber – ha tenido un hijo. Cuatro kilos de niño con “pinta de estar muy enfadado por los morros que pone” según descripción de la madre de la criatura. Me he puesto bien contenta, por mi amiga y su chico, claro, y porque a mi los niños me gustan – sí lo sé, nadie lo diría con lo que ladro, pero no es contra los niños, es contra las madres que, una vez que se convierten en tales, se vuelven monotemáticas en la conversación -. Yo, cuando veo bebés, me pongo contenta, qué le vamos a hacer, y no es por el reloj biológico, de momento mucha parte de la alegría se debe a que los susodichos no son míos.No os contaría todo esto si no fuera porque, casualmente, unas horas después de enterarme del feliz acontecimiento, Isabel San Sebastián salía en el Telediario diciendo que si se aprueba la nueva ley del aborto, en este país las mujeres no van a poder tener hijos. Sólo una perla más que, con las demás que se han escuchado en la manifestación contra el aborto de hoy – como la de que España entera piensa igual -, forman tremendo collar.
Estos señores, y señoras, y niños, y niñas, que se han manifestado hoy tienen todo el derecho a hacerlo. Por suerte para ellos son igual de españoles que yo y disfrutan de la misma democracia que mi menda. Lo que no pueden es mentir, porque eso no está bien ni en España ni en Cuba*, y decir que una mujer española que quiera tener un hijo no puede hacerlo es una mentira, y gorda.
Porque digo yo, que el gobierno (al que, aclaro, no voté) amplíe los plazos y situaciones los que una mujer puede decidir si quiere abortar es una cosa, y no permitirte quedarte embarazada es otra. Afortunadamente para las mujeres, hace tiempo que la planificación familiar es más o menos fácil de manejar. Siempre surgen imprevistos, sorpresas y desilusiones. El no querer y poder, y el poder y no querer. El condón que se rompe y el embarazo que no llega. Pero eso, no es ni más ni menos que la vida, cosas que pasan y otras que no, y si cualquiera de nosotras quiere tener un hijo, antes o después, lo consigue.
Sin embargo, hoy hemos tenido que oír cómo decían que eso no es verdad mientras ondeaban banderas españolas y afirmaban que el mogollón de gente que había allí (2 millones según los convocantes, 250 mil según la policía, 1 millón 200 mil según la Comunidad de Madrid) era sólo un pequeño ejemplo de lo que piensa toda España. Desde aquí, aunque nunca lo leerán, les voy a decir una cosita: si no les importa, no hablen en mi nombre. Yo, tan española como cualquiera de los que estaban allí con la bandera en la mano, no sólo no comparto su opinión sino que me pregunto qué pasaría si todos los que no lo hacemos saliésemos a la calle.
Este es el verdadero problema de esta gente: se consideran en poder de la verdad absoluta. Eso y que desconocen que el respeto es algo de ida y vuelta. Yo te respeto a ti, respétame tú a mi. Yo no te obligo a nada, no me obligues tú a mi. Yo no te prohíbo nada, no me lo prohíbas tú a mi.
¿Defender el derecho a la vida? Claro que sí. Yo defiendo la vida, y lo hago empezando por la mía, con mis creencias, mis valores, mis convicciones y mi conciencia. Y mis creencias, mis valores, mis convicciones y mi conciencia a mi me permiten defender el aborto libre para quien así lo decida. Porque creo en la vida de todos y cada uno, no en la de unos pocos.
*Lo siento, mientras escribo esto mi madre está viendo “Más se perdió en Cuba” en Intereconomía y me ha ha salido así...
jueves 8 de octubre de 2009
No hay sitio para mi
No es que no tenga mi cama, no es que no me hayan hecho hueco en los armarios, tampoco que no encuentre sitio para aparcar, es sólo que... no me veo. Desde que he vuelto, miro a mi alrededor y no me veo. Antes, cuando venía de visita, sentía justo lo contrario, llegaba a la entrada de mi pueblo y estaba en casa. El olor a mar, los baretos de siempre casi vacíos a esas horas, alguna tienda nueva de cuando en cuando, una agenda repletita para las vacaciones o el fin de semana... era mi casa. Menos el olor a mar, desde hace quince días el resto es justo lo contrario. No voy de bares – el finde todo el mundo te hace un hueco pero entre semana... -, no voy de tiendas – como no sé dónde voy a pasar el invierno no puedo renovar armario de momento -, mi agenda ni está ni se la espera, y todo lo que antes me recordaba que estaba en casa ahora me lo pasa por las narices.
Como esos vecinos, que antes se asomaban a la ventana al oír el coche y te sonreían, y ahora se asoman y cotillean. Algunos te miran fijamente como intentando adivinar qué ha pasado para que estés aquí un 6 de octubre, otros, los más lanzaos, te resumen cuántos días llevas sin coger tu coche y robándoselo a tu padre. A juzgar por su cara de lástima estos son los más informaos: indica que saben que estoy en paro y que creen que estoy “ahorrando en gasolina”. Y luego está caso-aparte, o lo que es lo mismo, la vecina del cuarto. Ésta, que lleva diciéndome que a ver cuándo vuelvo los 17 años que hacía que me fui a Madrid, directamente cantó victoria al grito de “Bienvenida al pueblo”. Siento tener que reconocerlo aquí y ahora pero creo que mi: “Sí, bueno, a ver si no es por mucho tiempo”, ha sido la frase más borde que he soltao en mis 35 años de vida. Tremendo. Hasta mi madre me dijo que por el mismo precio podría haber sido un poco más amable...
Todo esto por no comentar esas tardes en las que te asomas a la ventana y debajo de tus narices encuentras un despliegue de amistades imposibles que, por obra y gracia de la maternidad, se han materializado en los bancos del parque de enfrente de tu casa. Porque, que esa o aquella que tú no sabías ni que salían de casa, hayan salido y se hayan reproducido... vaya... pero que esa y aquella sean amigas, eso se escapa a tu entendimiento, lo malo es que te das cuenta que es sólo al tuyo, que allí al personal le parece normal.
Y en ese momento te preguntas, ¿me habré quedado anclada en el tiempo?, ¿si vives aquí hacer eso es estrictamente necesario?, ¿sería yo capaz de hacerlo? Y ves que no. Que quizá si no te hubieras ido nunca, te hubieras adaptado, pero ahora es demasiado tarde, ves que si eso es lo que hay que hacer, aquí ya no hay sitio para ti.
Pero, ¿veis ese pueblo que hay en la foto? A mi me gusta. Me gusta ir ahí (venir aquí). Me gusta ser de aquí. Me gusta presumir de que lo soy...
Necesito irme, para poder volver.
pd. pinchad sobre la foto, please :)
lunes 5 de octubre de 2009
Año de crisis, año de bodas
Este sábado, con la quinta boda del año (yo pensaba que eran seis, pero he hecho bien la cuenta y son cinco porque a una no fui) he terminado la temporada de bodas 2009. Lo primero tengo que decir que ha sido un buen colofón. Las he tenido de todos los pelajes: en histórico monasterio de la castilla-león profunda con ágape en recio restaurante ad hoc; en una casposa y fea iglesia de Madrid compensada con una cena de canapés de pie en la terraza de uno de los hoteles más cool de la capital; en las periferias sureñas de madrid, otra vez en castilla-león, menos recia en una fiesta celebrada dos meses después de la contracción de los novios... y la última y, para mí, más divertida de todas: boda en ayuntamiento bonito, con agur jaunak incluido, y fiesta ¡¡durante quince horas!! con aperitivo, comida y cena, y vengan copas. Hay cosas que se repiten en algunas de ellas: he ido a dos con cura y a dos con drag queen en la celebración. En las de cura no ha habido luego drag queen. También estuve invitada a una que se celebraba encima de la arena de Caños de Meca, pero 1.500 km para chancletear se me hacían demasiados. En esa sé que no había cura, y calculo que una drag queen en el faro de Trafalgar tampoco.
Tengo un sentimiento encontrado con las bodas. Por un lado me dan la pereza de la muerte (tanto pensar en organizarlas como prepararme para asistir), pero reconozco que cuando están bien montadas la fiesta merece la pena. Cuando son un mero trámite, en mi opinión, se nota, se da cuenta todo el mundo y se aburren hasta los novios. Y de esas también hay.
domingo 27 de septiembre de 2009
Antipasto
El problema de fijarte objetivos es que si no los cumples se te quedan dentro y, si la suerte no acompaña, cuesta un huevo echarlos. Eso me pasó a mi este verano con el objetivo que seguía al de aprender inglés, que como al final no cené pasta ningún día, me dediqué a sustituirla por spaguettis, macarrones, lasaña, tiramisú, nutella, expressos... Tanto lo intenté, que al final descubrí lo que IlBello llamaba “the power of the italian food”. Pero desde que he llegado a España apenas he probado nada de todo eso. Tan poco he comido, que justo la semana pasada le decía yo a IlBello que empezaba a echar de menos ese poder. Él me respondió que era imposible, que restaurantes italianos hay en todas partes. Yo le aclaré que en mi pueblo no y claro, así... es “difficile”.
Pero este fin de semana he vuelto a Madrid (sí, sí, me acababa de marchar pero... aún me quedan muchas cosas aquí) y la variedad gastronómica de una capital siempre es más amplia así que pensé que, un día de estos, podía aprovechar para comer en un italiano. Me quedo hasta el martes así que... había tiempo de sobra.
Anoche salí. Cañas, cena, copas... un completo, y cuando nos cerraron el primer bar, la escuadrilla viajera en su totalidad (bueno, habíamos perdido una elementa, pero la recuperamos), dirigió sus pasos a otro de nombre Caravan y dentro me estaba esperando mi don de la inoportunidad.
Nada más llegar, con la tripa llena de buena comida, buen vino y mejor ron, andábamos buscando sitio y resultó que, ahora que no vivo en Madrid y que llevo el labio coronado por tremenda calentura altamente contagiosa, justo allí, al ladito de la máquina de tabaco, un italiano con nombre francés me volvió a poner la carta delante. Con todas sus posibilidades.
Qué queréis que os diga... primero pensé dejarlo para más adelante, pero luego me acordé de lo que se atascan los objetivos incumplidos y me dije: “¡qué coño Negra, ya que las condiciones no te permiten cenar pasta hoy... échate al menos un aperitivo”.
Antipasto genovese...
Salute!!
viernes 18 de septiembre de 2009
De MadriZ al cielo...
Por lo visto Brad Pitt anda por España, y el temita del aborto de las menores con/sin consentimiento paterno vuelve a dar que hablar. No me había enterado. Estoy out, entre cajas y más cajas, con un montón de tableros de una estantería desmontada enfrente, un vertedero de bolsas de basura y cartones detrás, un menú individual de telepizza casi terminado al lado y dos furgonetas llenas, a falta de los huecos. Vamos, que estoy de mudanza. Me piro vampiro. Después de 17 años mis cosas y yo abandonamos Madrid.Si no fuera porque estoy demasiado ocupada para hacerlo, lloraría. Me da tremenda pena irme de aquí. No ya de la casa – desde que volví de Irlanda sabiendo que no era mi casa, dejé de sentirme cómoda en ella – sino de Madrid porque, aunque viva en el extrarradio, yo nunca he dejao mi Madriz. Ni la universidad, ni el curro, ni las calles, ni el p**o tráfico madrileño. Ayer mismo estuve en La Latina comiendo – recomendable y cara Taberna Matritum, para caprichos, a mi me invitaron ;-) – y luego pasé por El Viajero a tomar café. Aunque en regla no lo fuera, parecía una despedida. En ese mismo sofá pasé uno de los sábados-tarde más divertidos que recuerdo en esta ciudad junto a Api y Mr. Calidad tomando gin-tonic al ritmo que marcaba la mejor música de los 80 cuando la movida aún no había “vuelto”.
Diecisiete años dan para muchos momentos, ese es sólo uno. El resto me los llevo puestos o metidos en las 16 cajas de cosas, 8 de libros y resto de bolsas que aún estoy llenando. No va más... de momento vuelvo al pueblo, puede que después siga con la aventura irish pero... Cuando llegué sentí que me quedaría, así que - llamadme Terminator si queréis - pero... volveré.
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